Paradójicamente, la expansión de la democracia en el mundo vino acompañada del incremento de la desconfianza en la política. La tercera ola de democratización (Huntington, 1991), que significó la transición de regímenes autocráticos a democracias liberales, expandió la realización de elecciones multipartidistas hasta el este de Europa y América Latina. Los dictadores comenzaron a trasladarse a la arena electoral y a contaminar los procesos electorales con desviaciones y estrategias fraudulentas que minimizaran los riesgos de perder el poder (Schedler, 1996). La falta de confianza en las instituciones puede erosionar las percepciones de los ciudadanos sobre la legitimidad de otras figuras tradicionales de representación política, como es el caso de los partidos políticos.